domingo, 10 de febrero de 2013

Los elfos


Los elfos, cuyo nombre científico es Homo Fata Alfar, son humanoides de apariencia delicada y frágil, que pueden vivir cientos de años, pertenecientes a la mitología nórdica y germánica. Originalmente se trataba de una raza menor de dioses de la fertilidad, representados por hombres y mujeres jóvenes de gran belleza y longevidad, que  viven en bosques o cuevas. Son seres elementales (espíritus de la naturaleza), poseen grandes poderes mágicos, con orejas puntiagudas, dientes pequeños, sin colmillos, piel pálida, ojos rasgados y voz melodiosa. A pesar de su aparente fragilidad, son muy ágiles, diestros y fuertes. Suelen medir 1'80 m, aunque se puede encontrar alguna raza diminuta. Pueden moverse de un modo tan sutil y silencioso que su presencia es imperceptible. Un elfo puede resultar invisible en un bosque. Aunque a las hembras se las suele llamar elfas, su denominación correcta sería "elfinas".


Tienen muy desarrollada la infravisión, con lo cual pueden moverse habilidosamente en la oscuridad. Suelen vestir con ropajes verdes, lo que les ayuda a camuflarse en los bosques.
Son famosos por ser grandes arqueros, aunque también dominan la lucha con espada corta y larga. Son entrenados desde pequeños, tanto hombres como mujeres. Hay una leyenda sobre un ejército de doncellas élficas que consiguieron grandes logros y victorias montadas sobre unicornios.
La sociedad élfica tiene muy pocas normas, puesto que es una sociedad muy individualista que sólo cumple una serie de leyes básicas. Les gusta el baile, la música y la poesía. En Escandinavia también se les conocía como el Pueblo de Huldre.
Por sus gustos artísticos y su tendencia al baile y al canto a veces son considerados frívolos, pero al mismo tiempo son reservados. Son un tanto altaneros y arrogantes, aunque siempre consideran a sus amigos como iguales y nunca se olvidan de ellos. En general, prefieren distanciarse de los humanos, no les gustan los enanos y odian a los trolls.
Su humor es ingenioso, como sus canciones y su poesía, y aunque son valerosos, nunca son imprudentes. Comen frugalmente, beben vino y aguamiel, aunque sin excesos. Les encantan las joyas hermosas y bien acabadas, pero no están apegados a ellas, no le dan importancia a la riqueza. Sin embargo, hallan fascinante cualquier arte refinado de combate, como el esgrima o incluso la magia.
Existen diferentes tipos de elfos: silvestres, grises, semielfos, oscuros, etc.

jueves, 10 de enero de 2013

Las ondinas


En la mitología germano-escandinava las hadas protectoras de los lagos y ríos, se llamaban Ondinas. Se las creía hijas del dios Odín y poseían una gran belleza. Hay algo que no se sabe mucho, y es que no sólo hay Ondinas femeninas, sino también masculinas. El nombre se utiliza en general, tanto para los individuos femeninos como masculinos, aunque en realidad es el de los femeninos. Sus congéneres masculinos se llaman Wallanos.
No tienen cola de pez como las sirenas. Su piel puede tener una tonalidad azulada o verdosa y los dedos de los pies y las manos estar unidos entre sí por membranas, lo que les permite nadar muy rápido; tienen las orejas puntiagudas y cabellos muy largos, azules, amarillos o verdes.
Se acusa a las Ondinas, igual que a las sirenas, de seducir con sus bellos cantos a los mortales. En realidad, no poseen el concepto del bien o del mal, son traviesas y alegres, y a veces  basta con oír su risa para perder la voluntad. Les gusta jugar con los humanos, provocando corrientes en el agua hasta ahogarlos, lo cual les resulta muy divertido, pero no lo hacen por maldad, para ellas es un juego.
También hay Ondinas que se enamoran de humanos, y cuando eso sucede se convierten en sus protectoras.
Su trabajo consiste en guiar las corrientes acuáticas por su cauce natural, para evitar que haya inundaciones, dirigiendo a grupos de "Minutes", seres muy pequeños de hasta cinco centímetros, que les ayudan en las tareas.
En general se los considera monógamos y forman parejas, siendo su amor muy profundo y duradero. A los Wallanos les cuesta más dejarse ver que a las Ondinas, y no se conocen datos sobre posibles relaciones con humanas.


Según la leyenda, las Ondinas no tienen alma, pero si encuentran una pareja humana y tienen un hijo, encuentran también un alma, siendo, a partir de ese instante, más intenso el sufrimiento y el dolor.
Hay una leyenda alsaciana referente a una Ondina en concreto. Al nacer, todas las hadas se reúnen a su alrededor y le regalan dones preciosos. Su abuela, también hada, le regala el don de una persistencia excepcional. Un día, cuando la Ondina ya tiene la apariencia de una bella joven, es secuestrada por un noble que la enamora hasta tal punto que rehúsa ir a ver a su madre enferma. Su abuela, en castigo, la condena a amar por siempre al joven noble. Pero él no la ama, y cuando se cansa de la relación, finge creer que ella le ha engañado con otro. Como prueba de su amor, le pide a la Ondina que le traiga un enorme jarrón lleno de agua del río Niddeck. La Ondina tarda tres días en llegar al río, sin descansar en el trayecto, y al llenar el jarrón, se desmaya exhausta por el esfuerzo. Su abuela, conmovida, y para evitar que continúe sufriendo por el joven, la transforma en el hada protectora de las aguas del río Niddeck. Desde entonces, según se dice, los días de tormenta se puede ver su reflejo en las cascadas del río.